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Las implicaciones de la paternidad tardía

Para un hombre tener un hijo requiere de total dedicación y esfuerzo. Se precisa de la máxima entrega para cuidar como se debe a los niños propios. Quien ha tenido la alegría de tener un bebé sabe lo difícil que es despertarse muy tarde en la noche para darle su biberón al niño o cambiarle el pañal, prácticamente se emprende un servicio de urgencia las veinticuatro horas del día y todos los días del año para atender al pequeño. No obstante esta dedicación que implica la paternidad se vuelve aún más difícil de realizar si el progenitor tiene una edad avanzada. Por ello conviene reflexionar acerca de las implicaciones de la paternidad tardía.

Así como se dice que no existe edad para el amor, en teoría tampoco la debería de haber para ser papá. Lo que sucede es que no siempre depende de un hombre hallar el instante adecuado para engendrar a un pequeño. Por diversas causas, a veces se retrasa la experiencia de la paternidad, al grado que suele ser calificada como “tardía”.

Algo es innegable: las circunstancias biológicas no son las mejores posibles para la paternidad en la adultez en plenitud. Un hombre que tenga un hijo a una edad superior a los 50 años no tendrá la misma paciencia y resistencia para criar a este infante que si tuviera 25 o 35 años. Sin embargo, esto no implica que la crianza sea de menor o mejor calidad. En este caso la edad afecta la capacidad biológica pero no la psicológica: la función paterna de un individuo, su voluntad de cuidar y guiar a un pequeño, no está relacionada con los años que tiene.

Psicólogos estudiosos del tema mencionan que, aunque los hombres que experimentan la paternidad a una edad avanzada no tienen la misma fuerza o resistencia que un individuo joven, cuentan con una visión más amplia acerca de la vida, son más sabios, comprensivos y tolerantes. Por lo consiguiente, tienen una facilidad natural para afrontar la vivencia de la paternidad con mayor madurez y compromiso. Habiendo disfrutado todo lo que podían o querían durante sus años de juventud, los hombres que tienen un hijo a una avanzada edad demuestran una plena disposición para cuidar a su hijo sin distracciones.

Como quiera que sea, quien tenga planeado tener descendencia aun cuando tenga más de cincuenta años, hay un aspecto que debe considerar con total madurez y responsabilidad. Se trata de la cercanía de conclusión del periodo vital. Muchos padres de avanzada edad temen fallecer y dejar a sus hijos desprotegidos demasiado jóvenes.

También hay que tomar en cuenta los riesgos biológicos de tener un hijo más allá de la juventud. Referencias científicas indican que la paternidad más allá de los cuarenta años incrementa el peligro de que el recién nacido padezca autismo y variadas enfermedades genéticas, si bien se ha constatado que dota a los bebés de una mayor longevidad.

A final de cuentas ser padre es una experiencia maravillosa que nadie se debe perder, con tal de que se asuman con responsabilidad las consecuencias, las obligaciones y se ofrezca todo el amor y atención posible al recién nacido.