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Las relaciones sentimentales en la tercera edad

Cuando la piel deja de ser tersa y la fatiga de los años se refleja en los ojos caídos, cuando los años comienzan a pesar, haciendo que la curva de la vida decline y uno se percata que se ha recorrido un largo camino de vida, es que la vejez ha llegado, pero no por ello debe pensarse que por ello no se tendrán oportunidades para tener nuevas relaciones.

Se tiene la tendencia de asociar al amor con la juventud, pero en realidad no hay nada que impida que los adultos en plenitud se enamoren y tengan el corazón ilusionado. Las relaciones sentimentales no solamente son posibles en la vejez, sino que pueden ser incluso más profundas y significativas que en otras etapas de la vida.

Tal vez la traba principal para que las personas mayores entablen relaciones, es que consideran que no podrán mantener una vida sexual activa. No obstante, esto es más que nada un prejuicio cultural. Recientes estudios realizados por la compañía Pfizer- especializada en la producción de distintos fármacos, como la píldora viagra para curar la impotencia-, revelaron que las personas mayores de 40 años son aptos para disfrutar de su intimidad como las personas más jóvenes.

Se ha comprobado que los hombres y mujeres son activos sexualmente hasta los 70 años, lo cual brinda una gran oportunidad de profundizar en sus relaciones sentimentales a los adultos en plenitud. Pero tal vez donde mejor se concreten las relaciones sentimentales en las personas mayores sea en lo espiritual.

Y es que los hombres y mujeres de 60 años o más, han tenido ya tiempo y ocasiones para aprender a amar con todo el corazón, con un sentimiento más puro. La verdad es que durante la juventud no se tiene la madurez necesaria para conocer lo que es el verdadero amor, ya que lo que uno siente en esas tempranas etapas de la vida es enamoramiento y pasión sexual.

En cambio, es en las etapas postreras del vivir cuando los sentimientos se han asentado y se tiene una mejor perspectiva de las cosas, que el amor pleno se experimenta. La empatía con ese ser querido llega a niveles muy elevados y se disfruta al máximo de la compañía de la pareja. Es en la ancianidad cuando ya no es tan sencillo que uno se deje llevar por una ciega pasión o un exagerado romanticismo.

Las relaciones amorosas de los adultos en plenitud les permite compartir experiencias que podrían ser pequeñas, cotidianas, pero que tienen un gran profundidad emocional y sentimental. Atenderse en tiempos de enfermedad, despedirse de los hijos cuando parten a realizar su vida, reducir paulatinamente la actividad en el día a día y saber que uno cuenta con una persona leal y que nos conoce bien, llena de sentido a la vida, incluso hasta el último aliento.

Es en la senectud cuando las parejas se hermanan al máximo, cuando se tienen niveles de comunión plena por haber dejado atrás aspectos superficiales del vivir y se comparte un vasto horizonte de experiencias que no se terminan, ni con el tiempo.